
Los verdaderos revolucionarios saben llevar el peso del recuerdo con elegancia, y esconderlo de un puntapié debajo de la alfombra con disimulo cuando es necesario. Somos polvo y demás pamplinas. Iggy Pop pertenece a este selecto club.
Y todo a cuento de que este pasado lunes se ha publicado Préliminaires. En palabras del maestro, "me cansé de escuchar a ciertos delincuentes idiotas con guitarras, tocando música mala, y comencé a oír muchas cosas de los tiempos dorados de Nueva Orleans [...]".
Así nace un disco con destellos geniales de jazz y bajo la inspiración capital de La posibilidad de una isla de Houllebeq. A mí la combinación me pinta espectacular.
Sólo los grandes pueden coger un atajo cuando ya no tiene sentido seguir en la brecha de ellos abrieron tiempo atrás. Y es muy de agradecer a un hombre saber que después de más de cuarenta años de carrera musical al borde del orgasmo seguimos en la fase de preliminares.
Tenemos mucho que aprender, jovencitos.
[Lo pueden descargar aquí, me arriesgo a que me lleven a jucio, pero prefiero vivir peligrosamente que sin música.]












