
Es una ilustradora maravillosa, absolutamente femenina. Una de esas que hablan a cada golpe de tinta de europa y de las mujeres vinculadas siempre a la moda y a una estética de lo más fetiche.
Me encanta lo que hace, soy totalmente influenciable a las cosas nuevas que encuentro y de repente me dan ganas de ponerme a hacer acuarelas para perseguir esa manera de hacer tan bonita de Stina.
Se podría decir que ser tan influenciable es bueno, es una suerte de sensibilidad o empatía con todo lo que uno conoce. También podría decirse, y sería absolutamente cierto, que es cosa de tarambanas.
Probablemente no sean excluyentes.
Sigan bien.






